A lo mejor las siglas MPDG no os dicen nada. Pero seguro que todas conocéis a la chica que os voy a presentar.

Es joven y súper guapa, con rostro aniñado, seguramente vista un vestido de florecillas, unas converse y lleve un rollito misterioso interesante, escuche buena música, quizá y seguramente, sea también bastante rarita o luzca un carácter, por lo que sea, algo triste.

Estas son algunas de las características que reúne el personaje tipo ‘Manic Pixie Dream Girl’ en películas o series. Un personaje cuya función es, basicamente, salvar y dar sentido a la vida del protagonista; siempre un hombre. El cual tiene un mundo interior enorme, muchísimas inquietudes y es el protagonista de su propia vida. Lo único que le falta es una chica guapa y un poco perdida, que le haga encontrarse a sí mismo.

Muchas de nosotras hemos crecido viendo a Kirsten Dunst en Elisabethtown, o a Zooey Deschanel en 500 días juntos o a Natalie Portman en Algo en común, por decir algunas. Y todas nos hemos creído que esa era la única opción válida para ser una tía guay porque todo lo demás se quedaba en demasiado banal.

Yo quería ser Summer, escuchar a los Smiths, vivir sin saber muy bien qué me pasaba e irme al Ikea a vivir mi mentira mientras un matrimonio de chinos se me colaba en el baño y yo, por fin, sentir que le doy sentido a alguna vida aunque no sea la mía. Y así, sin darte cuenta, te han ido definiendo un montón de películas que están basadas en relaciones cero reales y en un machismo asqueroso.

 

No tenemos que ser ni las secundarias, ni las tristes, ni las perdidas, ni las de ‘estoy aquí para salvarte’. Aquí molamos TODAS, las que escuchamos a los Smiths y las que movemos el culo con BeckY G. Ningún hombre va a decirnos cómo vivir y somos las putas protagonistas de todas las películas que nos queramos montar.

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