No ha vuelto a pasar, es que no deja de hacerlo.

Ahora es a Suecia a quien le toca escandalizarse por las acusaciones que señalan a Jean-Claude Arnault, -miembro e importantísimo señoro de la Academia Sueca, encargada de conceder los premios Nobel de literatura-, culpándolo de más de dieciocho casos de abusos hacia mujeres. Lo que ha provocado que este año no se entregue dicho premio, porque el número de miembros de la Academia no alcanza el mínimo imprescindible para votar debido a la oleada de dimisiones motivada por todo el escándalo. A parte, (faltaría menos) han cortado, se supone, toda relacion con Arnault.

Vale, bueno, todo esto está muy bien pero, ¿qué pasa ahora?

Esto no es algo que le pille por sorpresa a nadie del entorno de este señor.
Ya en 1997, una mujer escribió una carta a la Academia acusando a Jean-Claude de haber abusado de ella. Nadie hizo nada.
Se conocen abusos presuntamente cometidos entre los años 1997 y 2007, pero no es hasta el año pasado, con todo el escándalo de Harvey Weinstein, cuando el hashtag #MeToo, alentó a DIECIOCHO mujeres a contar la verdad. Entre estas mujeres se encontraban hijas, esposas y trabajadoras de la Academia, entre otras, incluyendo a la mismísima princesa de Suecia.

Hace no mucho hablaba con un cliente, en el que fue mi trabajo, de toda esa mierda de Weinstein, y no había quien le quitase de la cabeza que ese tipo de cosas pasan porque “ese mundillo es así, y si no lo quieres, no te metas.” Pero es que ese mundillo del que aquel señor casposo y arrugado me hablaba es para todas el mismo:
no es el mundo del cine, no es el mundo de la música o del espectáculo, no es el mundo de la literatura ni del deporte, es el real, el de todo el mundo: en el que todas nos acostamos y nos despertamos rezando porque ese día, aunque sea, no tengamos que leer ninguna noticia como esta.

@reyessoniar

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