No uso sujetador. Me sobra. Me oprime. Me molesta.

Sufro molestias de cervicales y dorsales desde que soy niña, por problemas tensionales… y, por supuesto, a ningún especialista se le ocurrió sugerir que dejase de llevar sujetador. Cuando empecé a hacerlo, la mejoría fue evidente. Daba igual que usase sujetador deportivo, de encaje, push up, fuese de la talla que fuese. Probé mil marcas y modelos, pero con todos, a las pocas horas me dolía la espalda, y me lo quitaba y lo guardaba en el bolso (aunque estuviese en una comida familiar).

Llevaba sujetador porque la camiseta no me quedaba igual de “bonita”. Llevaba sujetador porque se me marcaban mis indecorosos pezones. Llevaba sujetador porque se me caerían las tetas. Me daba pavor que eso sucediese.

Cuando el machismo y el capitalismo se alían salen cosas tan maravillosas como una necesidad que ni siquiera nos replanteamos. Machista, porque no somos mujeres “de verdad” sin pechos firmes, turgentes y “despezonados”. Y capitalista, porque se crean e inventan necesidades falsas para que estemos convencides de que el sujetador es una prenda que hemos de usar si no queremos que se nos caiga el pecho.

Pues ALERTA SPOILER: que el pecho se te caiga no depende en absoluto del uso del sujetador, sino de tu tendencia genética y del tamaño de tus pechos. Bueno, en realidad sí que depende de su uso; si lo llevas, se te caerá más. ¡Vaya!, eso no te lo dicen tan a menudo, porque no sale rentable. Si llevas un cabestrillo en el brazo toda tu vida, cuando te lo quitas, el brazo está totalmente atrofiado. Con los pechos sucede lo mismo. Los llamados “ligamentos de Cooper” se encargan precisamente de sujetar toda la masa; si usamos un armazón de alambres y tela para cumplir esa función, el músculo se atrofia y perdemos la sujeción natural. No hay que olvidar que el sujetador fue ideado en 1907 para liberarnos del corsé; no se hizo con una función médica, sino que se impuso como opción “menos mala” para resaltar nuestra feminidad. Honestamente, no hay día en el que no lamente ser “la otra”, el ser que no es en sí mismo unidad, sino que necesita de complementos y cuidados para ser lo que se supone que es.

El sujetador constituye un problema cuando se toma como una obligación y hay tanta desinformación al respecto. Aquí unos datos poco conocidos a tener en cuenta:

  • El sujetador modifica la circulación de la sangre y no permite la libertad de movimiento de las mamas.
  • Al usar sujetador, se comprimen los ganglios linfáticos y no permitimos que se eliminen correctamente las toxinas de nuestro cuerpo
  • La creación de un lugar cálido y húmedo (debido al sudor, sobre todo en verano) fomenta la aparición de hongos mamarios.
  • Por todo esto, el uso máximo recomendado es de 7 horas diarias.

 

Igualmente, a muchas personas les puede ser de utilidad debido a un tamaño muy grande del pecho para ayudar a su sujeción. En mi caso (que tengo unas tetas medias tirando a grandes) me ha ayudado no llevarlo. Antes tenía que realizar ciertas actividades sí o sí con sujetador. Si pasaba demasiado tiempo con el ordenador, notaba como las bolsas de grasa empujaban hacia adelante y acababa con una postura para nada ergonómica y una rectificación de columna como consecuencia. Entonces, para esos momentos me lo ponía. Pero después me di cuenta que siendo consciente de mi postura y reeducándome conseguía estar mucho más cómoda que cargando el peso de mis pechos sobre la espalda. Aun así, aún estoy pendiente de patentar el sujetador de sobremesa.

Además, puede ser difícil acostumbrarte a tanta “libertad” repentina, precisamente porque esos músculos no están tan acostumbrados a trabajar. Y obviamente, aguantar las miraditas es otro tema. Pero como con el tema de los pelos, los pezones son naturales, los tenemos todes, y precisamente una buena manera de combatir su sexualización absurda es que se te puedan trasparentar debajo de la camiseta y te la pele ampliamente.

Pese a toda esta aparente “demonización” del sujetador, me encanta la lencería. Las medias, el encaje, los corsés. No estoy en contra de su uso y disfrute; de hecho, me encanta usar push-up para ponerme las tetas de bufanda cuando me viene en gana. Lo que me repatea es la obligación. Que si no quieres usar sujetador y tus padres lo detectan, DRAMA. Y comentarios con sorna de amigos “vas con las largas puestas”, o “se te ha olvidado ponerte el sujetador hoy, eh?”. Si llevas sujetador, hazlo porque te sale  de las tetas.

 

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