Eres un hombre cis hetero, eres guapo, además tienes un buen curro, de vez en cuando le sueltas algún piropo a las chicas de tu oficina; a ellas no les importa. Otras, hay suerte y hasta te acuestas con alguna.

Ahhhhh… la vida de éxito.

Pero algo pasa y, de repente, tienes una jefa, y el que era tu responsable es ahora el chico que trae los cafés, y encima descartan tu proyecto, no te lo tomes como algo personal, aunque quizá puedan pensárselo si estás dispuesto a pasar por debajo de la mesa…

Este escenario es el que nos plantea No soy un hombre fácil, una película que no trata de explicar cómo sería un mundo igualitario, o un mundo dirigido por las mujeres, sino que invierte los estereotipos de género y los roles establecidos para tratar de ilustrar claramente cómo nos sentimos y en qué lugar nos encontramos nosotras.

Creo que es una película muy fácil de ver y con la que todes podemos flipar cuando nos damos cuenta de cuántos pequeños detalles tenemos normalizados.

Si eres el más moderno de tu barrio, o la más abierta de mente, la más feminista, el más maricón o el más hetero: póntela, seguro que te dejabas algo, la tienes en Netflix.

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