Que el Fortnite es el videojuego del momento, nadie lo duda.

El juego ha batido récords en descargas e incluso arrebató el título de mayor cantidad de jugadores on-line simultáneos al Player Unknown Battlegrounds. Desde gamers experimentados hasta niños que siguen en primero de primaria, el Fortnite presenta gran diversidad en cuanto a perfil de jugador.

Recientemente, los mundos de Youtube y Fortnite se han unido para dar lo más esperado por los fans de ambos; un evento en el que ElRubiusOMG congregó a 100 youtubers para jugar unas cuantas partidas, retransmitidas en streaming por cada uno de ellos.

El éxito estaba asegurado pero, superando las expectativas, el evento rompió con todas las cifras conseguidas en cualquier videojuego hasta el momento. Más de un millón de personas siguieron a ElRubius en directo (encontrándose ante un nuevo récord mundial) y otras tantas miles, todavía sin cuantificar, estuvieron espectando al resto de youtubers que jugaban.

La mayor sorpresa se dio cuando la primera partida del torneo fue ganada por la youtuber Danyancat, venciendo a jugadores de la talla de LOLiTO FDEZ. Pero, ¿por qué nos referimos a ello como “sorpresa”? Porque era una mujer.

Resulta que, no solo en los videojuegos, sino prácticamente en cualquier tipo de deporte competitivo (o tarea que requiera cierta habilidad, como tocar un instrumento) que una mujer destaque es digno de mención. Y no en un buen sentido.

 

Parece que las mujeres hemos de ser excesivamente buenas en algo para que se nos dé cierto reconocimiento; sin embargo, nuestras “derrotas” son amplificadas. No estamos dentro de la norma; un hombre puede perder y ya está, sin ningún tipo de comentario o menosprecio que ataque su género. O somos muy buenas, o somos muy malas, no hay término medio. Comentarios como “lo haces muy bien para ser una chica”, “ah claro, es normal que no te salga porque eres una chica”, nos recuerdan constantemente que nuestras habilidades son consideradas punto y aparte de las de ellos.

Durante la partida se referían a Danyancat en todo momento como “ese pavo”, o “¿quién es él?” cuando iba ganando. Se daba por hecho que era un hombre. Es comprensible que en un evento en el que la mayoría son hombres, se presuponga, y no es sangrante. Lo que sí duele son los comentarios de ciertos youtubers y espectadores que se dieron mientras ella se encontraba entre los últimos jugadores con vida.

Daban por supuesto que era un hombre. Daban por supuesto, una vez sabido que era “ella” y no “él”, que el otro (que sí era un “él”) le ganaría. Y no por las habilidades del otro, sino por la ausencia de las de ella (por ser “ella”). Pese a que durante toda la partida Danyancat demostró su destreza para matar, construir (parte fundamental que no todos dominan del juego) y esquivar, era evidente (para ese tipo de espectadores) que ella iba a perder, o que el hombre iba a ganar.

Está claro que estamos experimentando un aperturismo en todos los ámbitos. Conceptos como “cosas de chicos” y “cosas de chicas” chirrían, están desfasados. Sin embargo, es inevitable encontrarnos con este tipo de mentalidad en situaciones diarias. Sin entrar en las valoraciones hacia el físico (que parecen inherentes a cualquier cometido que desempeñemos), lo vemos jugando un futbolín, al baloncesto, tocando la guitarra o, como en este caso concreto, jugando a videojuegos.

Es más que obvio que podemos ganar, hacer las mismas cosas que ellos o ser buenas en “cosas de chicos”. Pero el hecho de que todo esto nos convierta en un fenómeno y signifique para algunos que “no eres como las demás”, es hiriente. Como si nuestro género fuese malo, y no formar parte de él nos convirtiese en un prodigio. No. Queremos ser buenísimas, malas, desastrosas, regulares, y que todo eso no se asocie a nuestro género. Porque nuestra es la victoria, pero también la derrota.

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