Parece ser que, a estas alturas, no queda muy claro qué narices es el consentimiento.

Hace poco salió una noticia que me llamó muchísimo la atención. Un hombre violó a su expareja y, en su defensa, alegó que a ella le gustaba practicar sexo duro, así que (según él) no fue violación, sólo un encuentro muy pasional. Vale, entiendo (y obviamente no comparto) que ante la expectativa de 12 años de cárcel te agarres a un clavo ardiendo… pero lo que no comprendo es que cosas como esa causen “POLÉMICA”.

Ya sabes, esas discusiones coloquiales que se dan en los foros o en la calle, con un (añadir adjetivo calificativo de absoluto desprecio) diciendo “pero, si le gustaba el sexo duro ¿cómo sabía él que la estaba violando y que no quería?”, “pudo hacerlo sin querer”, o “si te mola ese rollo, debería gustarte que te hagan esas cosas, ¿no?”. Parece sacado de un monólogo de Dani Rovira, pero es real. Este tipo de argumentos (y peores) se dan, y se defienden. Y se ríen.

Parece ser que, si te mola el BDSM pero no das tu consentimiento sexual, no pasa nada, porque te mola ese rollo. Si te mola fingir una violación anal (por poner un ejemplo) y realmente te fuerzan sin tu consentimiento… pues chique, aclárate. Joder, es que me mareas. Porque el sano, seguro y consensuado (normas básicas en cualquier práctica BDSM) me lo paso por el forro de los cojones.

WTF.

Si te mola el sexo duro, no pueden violarte. Si eres prostituta, no pueden violarte. Si tienes gustos sexuales “poco convencionales”, no pueden violarte. Porque, en todos esos casos, te encuentras flotando en una laguna legal y moral que hace imposible que las personas “normales” te entiendan, porque seguro que ni tú te entiendes. No haber sido puta, no haberte iniciado en el BDSM, haberte decantado por cosas más normalitas, joder. Que después pasa lo que pasa y encima te quejas. Porque el “no es no”, ya tal.

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