Soy sumisa en la cama, no en la vida.

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¿La sumisas sexuales podemos ser feministas?

Resulta que soy feminista y me gusta que me peguen en la cama. O no solo que me peguen, me gusta sentir el poder sobre mí, que me ordenen y me griten. Depende claro, del momento, de la persona y de cómo me esté sintiendo.

Ahora estoy bastante segura de ello, pero no ha sido un proceso fácil: la primera vez que le pedí a mi novio adolescente que me gritara zorra mientras estábamos follando, no sabía muy bien qué estaba pasando, él tampoco. “¿Pero tú no eres feminista y vas por ahí quejándote de que los tipos os llamen putas?. ¿Cómo es que ahora te mola que te insulte?.”

Parece un tanto contradictorio luchar por el empoderamiento de las mujeres y luego estar en el team de las sumisas sexuales, sin embargo, pocas veces me siento más poderosa que en esos momentos, en los que estoy cediendo mi poder a otra persona en un contexto sexual. Porque tener un rol sumiso en la cama no te convierte en una sumisa social. Productos masivos como 50 sombras de Grey y demás clichés nos hablan de relaciones de dominación – sumisión que trascienden del ámbito erótico y se terminan convirtiendo en vínculos de maltrato. Que me guste que me insulten mientras follo no quiere decir que me parezca bien que me insulten en mi vida cotidiana, y desde luego, no le da a nadie el derecho a hacerlo.

Hay que diferenciar los roles sexuales, libres y consensuados, de los roles a los que el patriarcado quiere someternos. Y esto las feministas lo sabemos, o al menos muchas hemos llegado a aprenderlo. Porque básicamente el feminismo nos está diciendo: tíe empodérate y lucha por lo que quieres. Y si lo que quiero es que me ordenen o me esposen, no hay nadie que pueda decirme que eso no es feminista, o que no estoy siendo coherente con mis principios.

Las prácticas BDSM, lejos de ser una opresión, requieren que tengamos que hablar con nuestras parejas sexuales de qué es lo que queremos en la cama. Porque tener un rol de sumisa no quiere decir que me apetezca que me peguen constantemente o que me hagan daño. No siempre es así y para eso están las palabras de seguridad (si un día follamos y de repente grito ¡calcetines! Para, no me está molando nada) y los límites que definas. A veces sólo me apetece sentir que la otra persona tiene el control y en otras ocasiones hasta me apetece dominar a mí, o tener un polvo de lo más equilibrado. Los roles no son estáticos, y lo que te gusta hoy puede no apetecerte nada mañana. La clave está en que nos conozcamos y lo comuniquemos. Y en que seamos libres y podamos elegir que nos gusta hacer y que nos hagan.

Y ser sumisa en la cama no me hace sumisa fuera de ella, y si alguien no lo entiende, mejor no te lo folles, porque el respeto y el BDSM no están reñidos, sino que deberían ir siempre de la mano.

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