Un día cualquiera en la cultura de la violación

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Te levantas de la cama. Es el último miércoles del frío noviembre de Madrid. Te haces el desayuno (un batido de frutas con tostada, nada lejos de lo convencional) y comienzas a mirar las redes sociales y prensa online, cuando llega el momento de querer vomitar el desayuno ya antes de terminarlo. El primer titular que ves: “Un 11% de los universitarios cree que obligar al sexo no es violencia”.

Sigues leyendo otras noticias… “Muere el gran maestro del cine italiano Bernardo Bertolucci a los 77 años” y sigues leyendo otros medios que, en su mayoría, endiosan a un cineasta que exigió abusar sexualmente de María Schneider para “que su escena fuera más realista”. Porque, claro, ¿para qué confiar en su actuación pudiendo violarla?

Suficiente, piensas. Cierras el navegador y continúas por redes sociales, cuando ves que no son sólo los medios los que alaban el trabajo del agresor tras su fallecimiento, sino que las redes sociales están plagadas de elogios hacia su persona. ¡Pero qué limpieza en Facebook más amplia voy a hacer! Te dices. Llegas incluso a leer el típico comentario de “hay que separar la obra del artista” (claro que sí, guapi). Cuando este admitió en una entrevista que se sentía culpable pero que no se arrepiente. En cambio, a ella no pararon de cuestionarla hasta que él admitió que era cierto. Y creo que esto ejemplifica muy bien hasta dónde llega la violencia con nosotras. Una violencia presente en todos los ámbitos, el arte no iba a ser menos, y mucha gente mirando hacia otro lado porque ¡ey! es su cineasta favorito.

Y así es vivir el día a día en la cultura de la violación. Esa en la que se desacredita a la víctima y se la pone en cuestión mientras que al hijosanodelpatriarcado se lo excusa y endiosa. Y vuelvo al primer titular ¿en qué situación nos pone a las mujeres dicha estadística cuando el 90% de las estudiantes asegura haber sufrido algún tipo de agresión? Los jóvenes (y no tan jóvenes) normalizan situaciones de abuso y violencia machista por la carga patriarcal que desayunan (y perpetúan) cada mañana.
Además, la sexualidad de las mujeres sigue estando banalizada, estigmatizada y duramente criticada bajo argumentos moralistas y eclesiásticos. Lo que trae como consecuencia que las mujeres no hablemos de masturbación (¡Sorpresa! Las mujeres también nos tocamos) y que nuestra sexualidad se invisibilice. El autoconocimiento es un derecho humano y el placer se nos ha sido arrebatado a las mujeres.

Las mujeres no somos concebidas como sujetos que tengamos deseo sexual, sino cuerpos para satisfacer el deseo masculino y patriarcal, lo que lleva a que nuestras relaciones acaben siendo falocéntricas y coitocentristas (sí, vaya palabritas para ser tan
temprano).

En esta línea, en Irlanda recientemente han absuelto a un hombre acusado de violación al aceptar como justificación, entre otras, que la mujer llevaba un lazo en el tanga. ¡Cómo se pasan las de Women Secrets! Culpabilizar a la víctima diciéndole que fue ella quien provocó la situación, expone Naomi Wolf en „Vagina‟ “supone someter a las mujeres de tal modo que no haga falta confinarlas o encerrarlas, sino que lo hagan por sí solas, que se eliminen a sí mismas, que pierdan la dicha y autonomía, que no experimenten el placer…”.Quizá debamos tener presente a Millet desde el desayuno y entender que si lo personal es político vamos a terminar con los ejes que dominan nuestras vidas. “Un examen objetivo de nuestras costumbres sexuales pone de manifiesto que constituyen, y han constituido en el transcurso de la historia, un claro ejemplo de relación de dominio y subordinación (…) Aun cuando hoy día resulte casi imperceptible, el dominio sexual es tal vez la ideología más profundamente arraigada en nuestra cultura, por cristalizar en ella el concepto más elemental de poder”. (K. Millet, Política Sexual).

¿Cómo vamos a liberarnos del miedo a hablar, de la culpa y de la vergüenza cuando estos son los mensajes que nos llegan todos los días? Por suerte, recuerdo a todas las mujeres que salimos a la calle el pasado domingo y pienso: tranquila, no estás sola.

 

AUTORA: Nadia Martín García. www.nadiamartinfoto.com @nadiamartinphoto

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